La primera víctima
La verdad es la primera víctima de la guerra.
El castigo del embustero es no ser creído aún cuando diga la verdad.
Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.
Cuanto más cercana a la verdad, mejor será la mentira, y la misma verdad, cuando puede utilizarse, es la mejor mentira.
Al igual que nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad.
Todas las verdades son fáciles de entender, una vez descubiertas. El caso es descubrirlas.
La vida es sólo un vistazo momentáneo de las maravillas de este asombroso universo, y es triste que tantos la estén malgastando soñando con fantasías espirituales.