Nacer y morir
Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir.
El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado.
Desde un punto de vista moral moderno, es decir, cristiano, la corrida de toros es completamente indefendible; hay siempre en ella crueldad, peligro (buscado o azaroso), y muerte.
Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, una vida bien usada causa una dulce muerte.
De la muerte nadie que volviese de ella podría decir que vale la pena, pues no se tiene vivencia alguna de la muerte. Salimos de las tinieblas y entramos en las tinieblas. Entre esos dos instantes hay muchas experiencias, vivencias, pero no vivimos ni el principio ni el fin, ni el nacimiento ni la muerte; ninguno de los dos tiene carácter subjetivo; en tanto procesos, caen enteramente en el terreno de lo objetivo.
La gente dice que lo más importante en la vida es ver siempre las cosas como son en realidad. Pero todo lo que hacemos, todos los planes que trazamos, son una mentira. Cerramos los ojos y fingimos que nunca llegará el día en que ya no tengamos que hacer más planes. La esperanza es la mayor mentira que existe, y también es la mejor. Tienes que seguir viviendo como si todo tuviera sentido, o dejarías de vivir.