Males dolorosos
De todos los males, los más dolorosos son los que se infringe uno mismo.
Todos los males del mundo provienen de que el hombre cree que puede tratar a sus semejantes sin amor.
Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.
Los buenos son los que se contentan con soñar aquello que los malos hacen realidad.
El hombre de muchas palabras y pocos hechos, es como un jardín lleno de malas hierbas. Y cuando las malas hierbas empiezan a crecer, es como un jardín cubierto de nieve. Y cuando la nieve empieza a caer, es como un pájaro sobre el mar. Y cuando el pájaro se aleja volando, es como un águila en el cielo. Y cuando el cielo empieza a rugir, es como un león en la puerta. Y cuando la puerta empieza a agrietarse, es como un palo que atraviesa tu espalda. Y cuando tu espalda te empieza a escocer, es como una navaja en tu corazón. Y cuando tu corazón empieza a sangrar… estás muerto de verdad.
Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena.
El malo lo es por ignorancia, y por tanto se cura de ello con la sabiduría.
Jamás es excusable ser malvado, pero hay cierto mérito en saber que uno lo es.