Vivir sin filosofar
Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.
Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás.
Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe, y la grandeza que no se inclina ante los niños.
Se dice que lo más triste a lo que un hombre puede hacer frente es a lo que pudo haber sido. ¿Pero qué hay del hombre que se enfrenta a lo que fue? ¿O a lo que nunca será? ¿O lo que nunca más será? Elegir el camino correcto nunca es fácil. Es una decisión para la que sólo tenemos a nuestro corazón para guiarnos, pero a veces encontramos nuestro camino hacia algo mejor. A veces luchamos contra los pensamientos de nostalgia y los remordimientos de nuestros errores, nuestra maldad y nuestros celos, y la vergüenza que sentimos por no ser la personas que queremos ser; y ahí es cuando encontramos nuestro camino hacia algo mejor, o cuando algo mejor encuentra su camino hacia nosotros.