Temor a los enemigos
Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón.
Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas.
Es difícil tener como amigos a todos; basta con no tenerlos como enemigos.
A los hombres hay que acariciarlos o destruirlos, pues vengarán un insulto leve, pero quedarán indefensos si se les aplica un golpe duro.
Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos, porque uno termina pareciéndose a ellos.
Considero más valiente al que conquista sus deseos, que al que conquista a sus enemigos; ya que la victoria más dura es la victoria sobre uno mismo.