La duda es una enfermedad. Infecta la mente, creando desconfianza en las razones de la gente y en sus propias percepciones. La duda tiene la habilidad de que empieces a cuestionarte todo lo que habías creído de alguien y refuerza las más oscuras sospechas de nuestro círculo de confianza.
La mayor arma que alguien puede usar contra nosotros es nuestra propia mente. Aprovechándose de las dudas e incertidumbres que ya acechaban ahí. ¿Somos fieles a nosotros mismos? ¿O vivimos por las expectativas de los demás? Y si somos abiertos y honestos… ¿podemos ser amados? ¿Podemos encontrar el valor para liberar nuestros secretos más profundos? O al final, ¿somos todos desconocidos, incluso para nosotros mismos?
La duda sistemática como principio del conocimiento.
Es de importancia para quien desee alcanzar una certeza en su investigación, el saber dudar a tiempo.
Cuando el tiempo transcurre, y los recuerdos se alejan cada vez más del instante que los creó, la duda de la memoria siempre nos acecha sigilosamente.
Preguntarse qué había antes del Big Bang es como preguntarse qué hay al norte del Polo Norte.
No menos que saber, dudar me gusta más.