Pacto con Dios
Con Dios mantuve un pacto demasiado triste: el jamás habla conmigo y yo no digo que él no existe.
Con Dios mantuve un pacto demasiado triste: el jamás habla conmigo y yo no digo que él no existe.
Llamamos piadosas a las personas que hablan a Dios, y locas a aquellas a quienes Dios habla.
El verdadero nombre de la religión es muerte. Jesús murió; Asclepio murió. En el sur de Francia mataron a los cátaros por decenas de millares. En la guerra de los Treinta Años centenares de millares de personas murieron, protestantes y católicos, en una mutua carnicería. La muerte es su verdadero nombre; no Dios, no el Salvador, no amor: muerte.
En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en dios, no lo necesito y además soy buena persona.
Dios es el único ser que para reinar no tuvo ni siquiera necesidad de existir.
Cualquier tipo de poder que los eclesiásticos asuman (en algún lugar donde sean súbditos del Estado) como derecho propio, aunque lo llaman divino, no será sino usurpación.
La raza humana necesita un desafío intelectual. Debe ser aburrido ser Dios, y no tener nada que descubrir.
No tengo evidencia para probar que Dios no existe, pero sospecho tanto que no existe que no quiero perder el tiempo.
Jesucristo necesitó doce apóstoles para propagar el cristianismo; yo voy a demostrar que basta sólo uno para destruirlo.