Conquistar un corazón
Nunca se dio el caso de conquistar un corazón por la fuerza.
Los seres queridos que perdemos no reposan bajo la tierra, sino que los llevamos en el corazón.
Las heridas morales tienen la particularidad de que se ocultan, pero no se cierran; siempre dolorosas, siempre prontas a sangrar cuando se les toca, quedan vivas y abiertas en el corazón.
Quizá todos demos indiscriminadamente lo mejor de nuestros corazones a aquellos, que en cambio, apenas piensan en nosotros.
Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.