Escucha y habla
Escucha con la cabeza, pero deja hablar al corazón.
Las heridas morales tienen la particularidad de que se ocultan, pero no se cierran; siempre dolorosas, siempre prontas a sangrar cuando se les toca, quedan vivas y abiertas en el corazón.
Quizá todos demos indiscriminadamente lo mejor de nuestros corazones a aquellos, que en cambio, apenas piensan en nosotros.
Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.
A veces el dolor se convierte en una parte tan grande de tu vida, que esperas que siempre esté ahí, porque ya no recuerdas la última vez que no estuvo en tu vida. Pero entonces, un día, sientes algo más, algo que parece malo, probablemente porque es algo desconocido. Y en ese momento, te das cuenta de que eres feliz. La felicidad nos llega de muchas formas, en la compañía de buenos amigos, en lo que sentimos cuando hacemos realidad el sueño de otra persona, en la promesa de una esperanza renovada. Es bueno que nos permitamos ser felices… Porque nunca se sabe lo fugaz que puede ser la felicidad.