Escucha y habla
Escucha con la cabeza, pero deja hablar al corazón.
Las heridas morales tienen la particularidad de que se ocultan, pero no se cierran; siempre dolorosas, siempre prontas a sangrar cuando se les toca, quedan vivas y abiertas en el corazón.
Quizá todos demos indiscriminadamente lo mejor de nuestros corazones a aquellos, que en cambio, apenas piensan en nosotros.
Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos.
De modo que, en la naturaleza del hombre, encontramos tres causas principales de disensión. La primera es la competencia; en segundo lugar, la desconfianza; y en tercer lugar, la gloria.