La duda es una enfermedad. Infecta la mente, creando desconfianza en las razones de la gente y en sus propias percepciones. La duda tiene la habilidad de que empieces a cuestionarte todo lo que habías creído de alguien y refuerza las más oscuras sospechas de nuestro círculo de confianza.
Algunos dicen que nuestras vidas están definidas por la suma de nuestras elecciones. Pero no son realmente nuestras elecciones las que distinguen lo que somos. Es nuestro compromiso con ellas. Para algunos, el compromiso es como la fe. Un elegida devoción hacia una persona, o un ideal intangible. Pero para mí, el compromiso tiene un lado de sombra, un impulso oscuro que constantemente pregunta: ¿hasta dónde estoy dispuesto a llegar?
La presión afecta a las relaciones de dos formas. Hace pedazos a la gente o refuerza su conexión, atándolos fuertemente a un objetivo común.
La culpa es una enfermedad poderosa. Puedes intentar darle la espalda, pero entonces es cuando te acecha y te come vivo. Algunas personas se esfuerzan por entender su propia culpa. Quieren o no pueden justificar el papel que desempeñan en ella. Otros escapan de su culpa, derramando su conciencia hasta que no queda nada de ella. Pero yo corro hacia ella. Me alimento de ella. Lo necesito.
La mayor arma que alguien puede usar contra nosotros es nuestra propia mente. Aprovechándose de las dudas e incertidumbres que ya acechaban ahí. ¿Somos fieles a nosotros mismos? ¿O vivimos por las expectativas de los demás? Y si somos abiertos y honestos… ¿podemos ser amados? ¿Podemos encontrar el valor para liberar nuestros secretos más profundos? O al final, ¿somos todos desconocidos, incluso para nosotros mismos?
Chicos, no os podéis convencer a vosotros mismos para enamoraros: no se necesitan días de deliberación. Cuando es real, lo sabes enseguida, y con absoluta certeza. Me había olvidado de eso. Pero estaba a punto de recordarlo.
En algún momento, las personas a las que amamos, se olvidaron de amarnos a nosotros.
Hay muchas razones para mentir,solo una para decir la verdad.
No se muere con dignidad, se vive con ella.
El perdón nunca es fácil. La amargura es fácil, el odio es fácil pero, el perdón, eso es duro. A veces la gente dice cosas que no quieren decir, o hacen cosas que no pueden cambiar. A veces, nosotros, hacemos cosas que no podemos cambiar. Así que nos alimentamos para matar de hambre al dolor. Todos tenemos miedo de algo. Yo tenía miedo, me estaba muriendo. Pero al frente de una gran desesperación tuve una revelación: lo que he hecho es quién soy. Pero lo que he hecho, no es quien seré. Han pasado casi 37 millones de segundos, 10 mil horas, 14 meses desde que me dí cuenta de que lo que he hecho no es lo que puedo ser. Descárgate de los errores del pasado y, cuando lo hagas, tu corazón se hará más fuerte. Yo debo saberlo, se supone que mis errores salieron hace mucho tiempo. Eso no significa que lo hecho esté olvidado. Lo que se ha hecho, está ahí fuera.