Algunos dicen que nuestras vidas están definidas por la suma de nuestras elecciones. Pero no son realmente nuestras elecciones las que distinguen lo que somos. Es nuestro compromiso con ellas. Para algunos, el compromiso es como la fe. Un elegida devoción hacia una persona, o un ideal intangible. Pero para mí, el compromiso tiene un lado de sombra, un impulso oscuro que constantemente pregunta: ¿hasta dónde estoy dispuesto a llegar?
¡Hay gentes a quienes damos las gracias sólo por haberse atravesado en nuestro camino!
El secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué se vive.
La presión afecta a las relaciones de dos formas. Hace pedazos a la gente o refuerza su conexión, atándolos fuertemente a un objetivo común.
La culpa es una enfermedad poderosa. Puedes intentar darle la espalda, pero entonces es cuando te acecha y te come vivo. Algunas personas se esfuerzan por entender su propia culpa. Quieren o no pueden justificar el papel que desempeñan en ella. Otros escapan de su culpa, derramando su conciencia hasta que no queda nada de ella. Pero yo corro hacia ella. Me alimento de ella. Lo necesito.
La mayor arma que alguien puede usar contra nosotros es nuestra propia mente. Aprovechándose de las dudas e incertidumbres que ya acechaban ahí. ¿Somos fieles a nosotros mismos? ¿O vivimos por las expectativas de los demás? Y si somos abiertos y honestos… ¿podemos ser amados? ¿Podemos encontrar el valor para liberar nuestros secretos más profundos? O al final, ¿somos todos desconocidos, incluso para nosotros mismos?
No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, como no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.
Es grave confundir la anestesia con la esperanza.
Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo esta perdido y que hay que empezar de nuevo.
La muerte no es triste. Lo triste es que la gente no sepa vivir.
(El guerrero pacífico)